Faro Santander

Julio J. Polo Sánchez (Universidad de Cantabria)

El pasado 7 de septiembre tuvo lugar la inauguración de Faro Santander, un nuevo equipamiento cultural que combina las características propias de un museo, con las de un centro de arte, cultura y tecnología, y que se ha planteado como objetivo primordial “convertirse en un ambicioso espacio cultural innovador, integrador y conectado con la sociedad y el tejido cultural de Cantabria”. Además, supone un hito fundamental en la conformación del anhelado anillo, milla o frente marítimo cultural, del que se viene hablando desde, al menos, aquel fallido intento de 2016 de Santander por convertirse en Capital Europea de la Cultura.

Para una mejor comprensión de la trascendencia a la que aspira Faro Santander en el panorama cultural de nuestro país, resulta necesario recordar los numerosos intentos recientes de atraer a diversas capitales españolas museos, centros de arte u otros equipamientos culturales con vocación socializadora, comunicativa, divulgadora o educativa, a la vez que transformadoras del espacio urbano en que se asientan. Tal vez, el más famoso sea el caso del Guggenheim bilbaíno (1993-1997), pero no son menos significativos otros casos como el Centro Internacional Oscar Niemeyer de Avilés (2008-2011), el Centro Pompidou de Málaga (2011) o el propio Centro Botín de Santander (2011-2017).

El anillo cultural de Santander

En este contexto parece oportuno, también, hacer referencia al clúster o sistema de museos santanderinos que, inicialmente, se ha conformado en torno a sendos centros públicos y a varios otros de titularidad privada: entre los públicos ha de mencionarse al MAS (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria), de propiedad municipal y reciente rehabilitación (2024) tras el desdichado incendio que sufrió en 2017, y al MUPAC (Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria), que tras un largo periodo sin ubicación estable se encuentra ultimando la construcción de su sede definitiva, en el entorno de Puertochico, siguiendo el proyecto Estratos, del que son responsables los arquitectos mexicanos Mara Partida y Héctor Mendoza (2020).

Estos dos focos de atención, situados en los extremos de esa pretendida milla cultural, se completan con otras dotaciones de iniciativa privada, no menos significativas, como el Centro Botín, edificado entre 2011 y 2017 por el arquitecto italiano Renzo Piano (premio Pritzker 1998) o el cercano Centro Asociado del Museo Reina Sofía-Archivo Lafuente, en el rehabilitado edificio del Banco de España, que construye la UTE formada por las empresas Voluar y Cero, y que tiene prevista su inauguración en 2027.

A ellos cabe sumar otros espacios, situados en ese entorno del frente marítimo, de mayor o menor antigüedad, relevancia y actividad, como la Biblioteca Menéndez Pelayo (Leonardo Rucabado, 1913-23), el Palacete del Embarcadero (Javier González Riancho, 1920-32), rehabilitado en 1985 como sala de exposiciones por la Autoridad Portuaria de Santander y recientemente vuelto a reformar (2026), la Colección Enaire de Arte Contemporáneo en las naves industriales de Gamazo (1908 y 1950), rehabilitadas en 2018 (Eduardo Fernández-Abascal y Floren Muruzábal), ejemplo de colaboración entre diversas administraciones públicas como son el Ministerio de Transportes, la Autoridad Portuaria de Santander y la Comunidad Autónoma de Cantabria, que mantiene actividad desde 2021, o la aún más reciente apertura del espacio denominado Lafuente Cultura Material, nuevo proyecto cultural y de coleccionismo del empresario José María Lafuente (Zooco arquitectos, 2026); sin olvidar la presencia en este mismo entorno del frente marítimo santanderino del Palacio de Festivales de Cantabria (Francisco Javier Sáenz de Oiza, 1990) o la más tradicional presencia de algunos espacios musealizados en la Catedral de Santander, cuyo plan director fue redactado hace tiempo ya, en los años 90, aunque su desarrollo no finalizó hasta la conclusión de su quinta fase, en 2018, llegado a inaugurarse nuevos espacios expositivos aún en 2022.

El edificio del Paseo Pereda

Esta nueva dotación, bautizada definitivamente como Faro Santander (anteriormente Espacio Pereda), se ubica en el renovado edificio de la que fue sede central del Banco Santander, construida sobre dos solares, independientes en origen, formados por las viviendas de los números 9-10 y 11-12 del Paseo de Pereda, propiedad inicial de las familias de Casimiro Gallo y Claudio López (hermano del primer marqués de Comillas), que habían sido proyectadas, respectivamente, por los arquitectos Valentín R. Lavín Casalís (1902) y José Oriol Mestres (1881), En 1919 el Banco adquirió la propiedad de las casas 11 y 12, inaugurando allí su sede central en 1923. Tiempo después, en 1952, se proyectó la construcción de una réplica del edificio correspondientes a los números 11 y 12 en el solar vecino, uniendo ambas manzanas gemelas mediante un arco, sobre la calle Martillo, obra llevada a cabo por el arquitecto Javier González Riancho entre 1956 y 1960.

La actual reforma integral del edificio se ha encargado al arquitecto británico David Chipperfield, premio Pritzker 2023, profesional con amplia experiencia en la edificación o rehabilitación de edificios con destino cultural o museístico, tanto en Europa, como en América y Asia, al que se ha llegado a calificar como “el cirujano de los museos”.

La rehabilitación de este edificio como espacio cultural, llevada a cabo entre 2018 y 2026, según sus promotores partió de la premisa de transformar un edificio cerrado (una entidad financiera) en un espacio público, conectado con la ciudad y abierto a la ciudadanía, manteniendo exteriormente su fisonomía previa, mientras su interior era completamente reconstruido para adaptarse a su nueva función, utilizando los más avanzados recursos técnicos, a la vez que con la pretensión de alcanzar el máximo grado de sostenibilidad, llegando, de hecho, a obtener la certificación BREEAM Exceptional, con la mayor puntuación lograda, hasta hoy, por un museo.

El edificio actual se distribuye en diez plantas, tres de ellas bajo rasante, con una superficie total construida de más de 10.000 m2, de los que más de la mitad se destinan a uso público. Por su parte, el arco, que originalmente se construyó como modo de fusionar los dos bloques constructivos de la antigua oficina crediticia, se ha convertido hoy en pórtico de encuentro y acceso, en su cuerpo inferior, a la vez que en elemento vertebrador de la circulación interior e icono visual, abierto a la trama urbana que lo circunda, por medio de un amplio cierre de vidrio, que permite adivinar desde el exterior su nueva función y la actividad que se desarrolla en su interior.

Espacios y programación

La propuesta inicial de Faro Santander combina cuatro líneas complementarias que se dedican, la primera de ellas, a la relación entre Arte y Tecnología, desarrollándose en torno a un espacio interactivo, denominado Cubo, que ocupa dos plantas del lado oeste del edificio Pereda, en cuyo interior se desarrolla un sistema de proyección inmersiva, que narra la presencia del Banco Santander en la ciudad desde sus orígenes (1857) y la interrelación de acontecimientos históricos conjuntamente vividos por la ciudad, su puerto y el propio banco, hasta la actualidad, en una proyección de algo más de trece minutos, que se complementa, en su exterior, con una pantalla led continua, en la que se proyectan ciertos objetos que formaron parte del antiguo edificio financiero.

En este mismo ala, en un piso superior, se ha incluido un espacio educativo, titulado Llamita, especialmente dirigido al público infantil, al estar orientado a la experimentación plástica y estética a través del juego, diseñado espacialmente por Acha Zaballa arquitectos y comisariado por la también arquitecta Sara San Gregorio. Con acceso desde la escalera helicoidal que parte del vestíbulo principal, se desarrolla otro espacio, denominado Marisma, que se plantea como un lugar de difusión de proyectos artísticos, en el más amplio sentido, ligados al entorno cultural inmediato, y que en la actualidad acoge los procesos de trabajo  e investigación artística de las cuatro primeras ayudas a la creación seleccionadas por Faro Santander, bajo el comisariado de Ane Rodríguez Armendáriz; propuestas individuales o colaborativas que llevan por título Flesh & Films / Pieles y pantallas (de Iribarren & De la Riva), Una forma minúscula (de Salón de belleza), Suite de los Riconchos (de Casapalma) y Ludarquías (de Amaia Bregel). (Ilustración. 3)

La actividad cultural se completará con programas públicos tanto en el Auditorio como en los Jardines de Faro, con el desarrollo de actividades tales como los Jueves de Faro o Los Especiales de Faro, en los que tendrán cabida la reflexión sobre diversas formas de expresión plástica y pensamiento, ciclos de cine, encuentros artísticos, diálogos o charlas en relación con la actividad desarrollada en Faro y sus exposiciones.

Las plantas 2º, 3ª y 4ª están destinadas a acoger tanto muestras representativas de la Colección Santander, como otras exposiciones temporales.

Hasta el próximo mes de febrero se podrán visitar tres exposiciones de muy diverso planteamiento. La primera de ellas reúne, bajo el título de Obras Maestras de la Colección Banco Santander, una selección de un centenar de piezas, agrupadas temáticamente en cuatro secciones: Historias sagradas; Lugares, paisajes, geometrías y formas; Las cosas: bodegones y naturalezas muertas; y Retratos, tipos y figuras.

Como bien ha señalado su comisaria, nuestra colega María Dolores (Lola) Jiménez-Blanco, la Colección Banco Santander es una “colección de colecciones” de larga trayectoria, pues se remonta a los orígenes del propio Banco (1857), aunque su crecimiento ha sido especialmente significativo desde de finales del siglo XX, cuando se produjo la incorporación, mediante fusión o adquisición, de importantes conjuntos de obras artísticas de otras colecciones de diversas entidades crediticias, entre las que destacan las del Banco Urquijo (1988), las de los bancos Central e Hispanoamericano (1999), así como, posteriormente, las de Banesto (2013) y el Banco Popular (2018) que, en su conjunto, aportaron obras de muy diversas épocas, procedencias geográficas y manifestaciones plásticas (pintura, escultura, grabado, dibujo, tapices, artes decorativas, numismática, audiovisuales…). Más recientemente se han incorporado algunas piezas, escasas en número, pero de notable relevancia, que pertenecieron al Fondo Cultural del Grupo Villar Mir (2021).

El grueso de la colección, custodiada y, en parte, expuesta, en la Sala de Arte que el Grupo Santander posee en Boadilla del Monte (Madrid), fue  catalogada en 2005 por un amplio grupo de historiadores del arte, bajo la dirección del profesor Jose Manuel Cruz Valdovinos (publicación revisada en 2024), contabilizándose más de mil piezas, entre pinturas (532), esculturas, dibujos y tapices, correspondientes a más de 140 artistas.

La selección expuesta en Faro Santander incluye pinturas, esculturas e instalaciones desde el siglo XVI hasta la actualidad, puestas en diálogo no sólo con criterio temático, sino también por relaciones estéticas, estilísticas o compositivas, que a un visitante experto no le será difícil apreciar. Aunque resulta imposible reseñar ahora toda la obra expuesta, baste con señalar que la exposición se abre, en el distribuidor de la cuarta planta, con el Sansón matando al león que Rubens regaló a Felipe IV, en 1628, para decorar el Salón Nuevo del Real Alcázar madrileño, que pasó después a la colección del Marqués de Leganés, afrontado a sendas obras de Antoni Tapies y Ángela de la Cruz.

En una de las alas de esta cuarta planta se distribuyen diversas piezas agrupadas en las dos primeras secciones temáticas. Como Historias sagradas se incluyen, entre otras, obras de Lucas Cranach el Viejo, Luis de Morales, Juan de Juanes, El Greco (en diálogo con Antoni Tapies y Eduardo Chillida), Tiziano, Alonso Cano, Velázquez, José de Ribera. Gregorio Fernández, Gustavo Torner o Antoni Tapies. Los Lugares y paisajes, geometrías y formas aquí reunidos pertenecen a maestros como el propio Greco, con su Cristo Agonizante con Toledo al fondo, sendas vedute venecianas de Canaletto, enfrentadas a otra vista de esa ciudad de Martín Rico y Ortega, la vista de La Virgen del Valle de Toledo, de Aureliano de Beruete, así como diversos paisajes urbanos o rurales de Julio Romero de Torres, Joaquim Mir, Santiago Rusiñol, Godofredo Ortega Muñoz, José Guerrero o Soledad Sevilla, a la vez que, en secuencia casi imperceptible, se acoge una muestra de piezas escultóricas, de Land Art e instalaciones de Eduardo Chillida, Eduardo Alfaro, Richard Long, Cristina Iglesias o Susana Solano, junto a pinturas de Guillermo Pérez Villalta, Juan Uslé o Gerardo Rueda.

Al lado Este del vestíbulo de esta cuarta planta se distribuyen obras correspondientes a las otras dos secciones, la primera de ellas dedicada a  Las cosas: bodegones y naturalezas muertas, mostrando en su inicio dos grandes lienzos de enorme fuerza matérica de Miquel Barceló (Sopa francesa) y José María Sicilia (Cubo de basura) que dan paso a piezas de menor tamaño y referencias más clásicas a la naturaleza muerta y el bodegón (Juan de Arellano, Pedro de Camprobín, Zurbarán o Luis Egidio Meléndez).

La cuarta y última sección se dedica a los Retratos, tipos y figuras, siendo quizás la más espectacular, numerosa y comprensible para el público en general, pues incluye desde los característicos retratos cortesanos del Barroco, con obras de Alonso Sánchez Coello, Juan Andrés Ricci o Antoon van Dyck, pasando por los más contemporáneos de Goya o José Gutiérrez Solana, interrelacionados con tipos populares de Joaquín Sorolla y Francisco Iturrino, para llegar a otras modalidades de retratos de diversas tendencias contemporáneas de artistas como Josep de Togores, Valentín de Zubiaurre, Aurelio Arteta, Pablo Picasso, Manuel Millares, Juan Barjola, el Equipo Crónica o Niki de Saint Phalle, a los que podríamos sumar el grupo de las cinco figuras que conforman la Pieza de Conversación I de Juan Muñoz, que reciben y acogen al visitante en el vestíbulo de la planta tercera, a la vez que atraen la mirada de quienes transitan por el paseo de Pereda o la calle Martillo, alrededor del icónico arco de Faro Santander.

Esta exposición se complementa con un catálogo titulado Colección Banco Santander. Nuevas Miradas, que incluye en 248 páginas una introducción general sobre la importancia de la colección, por parte de su comisaria, y textos de otros catorce autores, procedentes de ámbitos diversos (historiadores del arte, críticos, comisarios y gestores de colecciones, escritores…) que reflexionan sobre las obras expuestas desde ópticas alternativas.

Una segunda exposición, presentada en la tercera planta, lleva por título México moderno en la Colección Gelman Santander, ha sido comisariada por Marisol Argüelles, directora del Museo de Arte Moderno de México. El complejo devenir de esta importante colección desde su conformación, hacia 1940, por el productor de cine Jacques Gelman y su mujer Natasha (Zahalka), las disputas por su propiedad tras el sucesivo fallecimiento de ambos (en 1986 y 1998), la posterior dispersión de una parte de la colección o la declaración por el gobierno mexicano de la obra de ciertos artistas  nacionales como Monumento Artístico ha sido recogida ampliamente por los medios de comunicación, a los que nos remitimos, dada su complejidad.

En esta muestra se presentan algunas de las piezas más significativas del arte mexicano contemporáneo, entre las que destacan firmas como las de Frida Kahlo, Diego Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso o Francisco Toledo, complementados por un selecto fondo fotográfico. Destacamos en ella los diversos autorretratos de Frida Kalho, en especial los titulados Diego en mi pensamiento (1943) y Autorretrato con monos (1943), así como El abrazo de amor del Universo, la Tierra (México), yo, Diego y el señor Xólotl (1949); igualmente, el retrato de Cantinflas de Rufino Tamayo (1948) y los diversos retratos de Nataha Gelman de Diego Rivera (1943), David Alfaro Siqueiros (1950) o la propia Frida Kalho (1943). También esta exposición se complementa con su propio catálogo, con ensayos de su comisaria, Marisol Arguelles, así como de Sylvia Navarrete y Estrella de Diego.

Finalmente, la tercera muestra, coorganizada junto al Freud Museum de Londres y comisariada por Vanessa Boni, lleva por título Leonora Carrington: el surrealismo sintomático. estando dedicada a la traumática experiencia vital de esta artista inglesa, adscrita al movimiento surrealista y pareja sentimental de Marx Ernst, en el breve periodo que estuvo hospitalizada en el sanatorio psiquiátrico del doctor Morales, a las afueras de Santander, entre agosto de1940 y enero de 1941, reuniendo por primera vez los dos oleos que pintó allí, titulados Villa Pilar y Dawn Below, poblados de criaturas antropomórficas, que se ponen en relación ahora con la colección de figuras de dioses egipcios que coleccionó Freud y con otras mitologías mediterráneas.

Filiación: Julio J. Polo Sánchez. Catedrático de Historia del Arte (jubilado)

Ilustraciones: (Todas del autor. Julio J. Polo Sánchez) (Se indica en rojo el lugar aproximado de su situación

  1. Edificio de Faro Santander en el Paseo Pereda de Santander (rehabilitación de David Chipperfield, 2018-2026)
  2. Cierre de vidrio del arco, vestíbulos y escaleras de comunicación.
  3. Escalera helicoidal y Espacio Marisma
  4. Vestíbulo de la planta 4ª, inicio de la exposición Obas Maestras de la Colección Banco Santander.
  5. Obras Maestras de la Colección Banco Santander: Historias sagradas
  6. Obras Maestras de la Colección Banco Santander: Lugares, paisajes, geometrías y formas
  7. Obras Maestras de la Colección Banco Santander: Retratos, tipos y figuras (a)
  8. Obras Maestras de la Colección Banco Santander: Retratos, tipos y figuras (b)
  9. México moderno en la Colección Gelman Santander.
  10. Leonora Carrington: el surrealismo sintomático.