Más que salvar una imagen
Entre las durísimas imágenes que hemos podido ver en prensa en este mes de agosto, en el que el fuego arrasado la provincia de León, las fotografías de César Hornija, de la Agencia ICAL, que captaron el salvamento y posterior reposición en su espacio original de la imagen de Santa María de Lusio, nos acercan a una realidad insoslayable, conocida, pero que no acaba de abordarse de manera global y colaborativa: el patrimonio cultural de la España que se vacía de población es un conjunto de bienes y valores en riesgo. Tanto la arquitectura vernácula, como los edificios religiosos y los vinculados a las labores tradicionales y su contenido, desaparecen o se alteran de manera irreversible.
Partiendo del hecho de que el grueso -se afirma que el 80%- del patrimonio cultural de España se ubica en el mundo rural, la dimensión patrimonial que alcanzan no solo el proceso de despoblación, sino también los riesgos asociados al mismo para ese legado (expolio, degradación, vulnerabilidad a catástrofes, etc.) deben suponer una seria llamada a la reflexión y a la acción.
Susana, descendiente del pueblo de Lusio, y cuya familia ha perdido varias propiedades en el pueblo, entre ellas la casa de sus abuelos, pone a salvo la imagen de la Virgen de la iglesia de Nuestra Señora. Fotografía de César Hornija. Agencia ICAL
El debate de los efectos del incendio de la mezquita de Córdoba, la afección irreparable del paisaje de las Médulas, la destrucción de las aldeas, el drama humano que supone y el desgarro y desarraigo que conllevan, dejan en segundo plano otra realidad que debemos tener en cuenta: la pérdida patrimonial que ocasionan en las poblaciones cuyo legado no goza de la misma valoración. Quizás, porque se trata de un patrimonio muchas veces menospreciado o desconocido, que no atrae masas de turistas y que fundamentalmente sirve a las pequeñas comunidades a la que se vincula. Como ha dejado claro el Convenio Marco del Consejo de Europa sobre el Valor del Patrimonio Cultural para la Sociedad, más conocido como Convenio de Faro, esa herencia pertenece esencialmente a esas comunidades. De hecho, lo define como un conjunto de recursos heredados del pasado que las personas identifican, con independencia de a quién pertenezcan, como reflejo y expresión de valores, creencias, conocimientos y tradiciones propios y en constante evolución y, por ello, se afirma que una comunidad patrimonial estaría compuesta por personas que valoran aspectos específicos de un patrimonio cultural que desean conservar y transmitir a futuras generaciones.
El regreso de la imagen a la iglesia entre las casas arrasadas por el fuego. Fotografía de César Hornija. Agencia ICAL
El salvamento de la imagen de Lusio expresa de manera inequívoca esa estrecha relación entre patrimonio y comunidad, la perseverancia de los colectivos humanos que defienden ese legado como expresión de su identidad, su historia, sus tradiciones, su forma de relacionarse con el medio y sus creencias. Esa Santa rescatada refleja esa vinculación colectiva, esos valores inmateriales que sustentan su materialidad y la de la iglesia, cuyo desbroce perimetral fue llevado a cabo por vecinos y vecinas de la zona para salvaguardarla cuando las llamas amenazaban el pueblo.
Si es necesario implementar una política que afronte la realidad de la despoblación y un plan de acción contra la alteración del medio natural resultado de la desaparición de las actividades tradicionales, el cambio climático y los grandes incendios, no es menos importante y decisivo que dicho plan tenga en cuenta el patrimonio cultural. Se trata de preservar todo ese conjunto de bienes y valores, no solo el que esté protegido por figuras tutelares o reconocido mediante declaraciones internacionales, sino también la herencia de las comunidades que darán continuidad a los territorios, a las poblaciones y a un paisaje natural que es inseparable del patrimonial y, por tanto, es cultural. Decía John Ruskin que sin arquitectura no hay recuerdo, y es cierto que sin ese legado no habrá comunidad. Así se ha puesto de manifiesto en Lusio poniendo a salvo una imagen y proyectando de esa forma una reconstrucción del pueblo unida a la continuidad de su herencia cultural.
La Santa de Lusio es repuesta en la hornacina que ocupaba en la iglesia, que no fue afectada por el incendio. Fotografía de César Hornija. Agencia ICAL
Identificar ese legado, difundir sus valores, analizar su vulnerabilidad y los factores de riesgo para su pervivencia, proponer medidas de conservación preventiva, planes de evacuación, etc. es una aportación que la disciplina de la historia del arte puede y debe poner al servicio de las comunidades rurales y de las instituciones responsables. Asimismo, estas deben ser conscientes de la necesidad crítica de abordar un plan que dote a esas poblaciones de herramientas para hacer frente a un contexto complejo de alto riesgo, en el que los habitantes de esos territorios despoblados deben cobrar el protagonismo del que las políticas elaboradas al margen de las mismas las han privado. El patrimonio se salvará con las comunidades a las que pertenece, o desaparecerá con ellas.
María Pilar García Cuetos
Universidad de Oviedo
Nota. La autora agradece tanto al fotógrafo César Hornija, como a la Agencia ICAL, la cesión de las fotografías para ilustrar este texto.





