El consulado Marítimo y Terrestre y la Casa Lonja de Sevilla durante el siglo XVIII
Miguel Ángel D’Herbe Lozano
Premio Trabajo Fin de Máster 2025
Presentación
La Casa Lonja de Sevilla es uno de los edificios más destacados de la arquitectura española de los siglos XVI y XVII. Trazada por el arquitecto real Juan de Herrera, su diseño fue alterado durante el proceso constructivo, especialmente por Miguel Zumárraga. Las grandes dimensiones del edificio y el decaimiento de la actividad consular hicieron que algunos sectores tuvieran diferentes cometidos durante el Seiscientos. Prueba de ello es el establecimiento en 1660 de la Academia del Arte de la Pintura de Murillo. No obstante, las principales alteraciones del inmueble corresponden al siglo XVIII, para albergar dos nuevas instituciones generadas por el reformismo borbónico, el Consulado Marítimo y Terrestre, también llamado Consulado Nuevo, y el Archivo General de Indias. El primero fue creado en 1784 y un año más tarde el segundo. De las obras destinadas a albergar la documentación americana han tratado diversos autores, pero las desarrolladas para instalar el Consulado han pasado desapercibidas. Precisamente su estudio es objetivo del trabajo de Miguel D’herbe al que estas líneas prologan. Para su elaboración ha efectuado una amplia investigación en archivos, procediendo posteriormente a la sistematización de la información y a su oportuno tratamiento. Con todo ello y el apoyo de las imágenes ha elaborado un texto muy riguroso, clarificador y de cuidada redacción.
Como inicio ofrece un resumen de la construcción del edificio, tratando de sus arquitectos y respectivas aportaciones. Seguidamente señala los beneficios obtenidos con la creación del Consulado de la Universidad de los Mercaderes, cuya etapa sevillana finalizó en 1717 al trasladarse dicho organismo a Cádiz. Indica como a partir de ese año sería la Diputación de Comercio la que radicaría en la planta baja de la Lonja, manteniendo algunas de sus funciones. Describe la estructura del Consulado, su funcionamiento y Ordenanzas, analizando sus competencias jurisdiccionales. Los comentarios abarcan hasta el siglo XVIII con los cambios que supuso la promulgación en 1778 del Reglamento para el Comercio Libre de España a Indias. Establece como consecuencia de este la creación del Consulado Marítimo y Terrestre y la desaparición de la Diputación de Comercio.
El núcleo del trabajo es el estudio de la remodelación de la Lonja para albergar a la dos nuevas instituciones. Mientras que el Consulado Nuevo se alojó en la planta baja, el piso alto se destinó al Archivo General de Indias. Señala el autor el mal estado del inmueble y las inspecciones de diferentes expertos. Así, Lucas Cintora, Félix Caraza y Manuel Núñez informaron sobre la planta superior, evaluando los dos primeros el costo de las obras necesarias. Señala que cuando Cintora las emprendió actuó con gran libertad, suscitando feroces críticas que le llevaron a redactar un texto justificativo de su intervención, la conocida Carta-apologético crítica. Plantea el autor que igualmente polémica fue su actuación en la remodelación de la escalera, que sin embargo se culminó según su proyecto.
En la adecuación de la planta baja para el Consulado Nuevo, destaca D’herbe el protagonismo de Félix Caraza. De él ofrece algunos datos biográficos, trata de su formación gaditana y la posible obtención en Madrid del título académico que lo acreditaría para ejercer la profesión de arquitecto. Seguidamente menciona algunas de las obras e informes realizados para Sevilla y su designación como maestro mayor de la ciudad. En relación con la remodelación de la planta baja de la Casa Lonja pone de manifiesto las desavenencias surgidas entre las instituciones allí radicadas, que en más de una ocasión se llevó al terreno personal. Por esta conflictiva situación tuvo Caraza que reformar la distribución espacial prevista, situando la Sala de Audiencia en las crujías de la fachada oriental. El elevado presupuesto de obras llevó a solicitar su revisión por Manuel Núñez, maestro mayor de la catedral. El autor indica que este modificó la propuesta y las partidas presentadas y que su informe pone de manifiesto su dominio de las técnicas constructivas y su consolidada experiencia práctica, frente a los fundamentos más teóricos y académicos de Caraza. A pesar de los beneficios de la propuesta de Núñez, finalmente se aprobó la inicial, consolidándose el pleno dominio del gaditano sobre unas obras que se demoraron, se encarecieron y se interrumpieron en 1793. Seguidamente comenta las desavenencias entre el Consulado y el arquitecto y su posterior renuncia, así como la nueva paralización de las obras, superada en 1816 a poco de establecerse en el edificio las Cátedras de Comercio, Idiomas y Agricultura. Al aludir a ellas, señala D’herbe los cambios en la distribución de espacios del Consulado. Concluyendo el trabajo destaca el lento ritmo de las obras, que finalizarían en 1834 con dirección del arquitecto Melchor Cano.
Gracias a la dedicación y al esfuerzo realizado por Miguel D’herbe se cuenta ahora con una relevante aportación que clarifica la actual imagen de la antigua Casa Lonja sevillana. Los indudables valores del trabajo han sido reconocidos con la concesión de un premio por parte del CEHA.
Dr. Alfredo J. Morales
Universidad de Sevilla



