PRIMADA VIII Centenario de la Catedral de Toledo

Palma Martínez-Burgos García

Al igual que hiciera Burgos hace unos años, Toledo está celebrando el VIII centenario de su Catedral. Iniciada en 1226 bajo los auspicios del arzobispo Jimenez de Rada y del rey Fernando III el Santo, su construcción se dilató a través de los siglos proyectando una larga y fructífera sombra sobre la ciudad que protege. Desde entonces acá, ha sido el gran catalizador de modas, corrientes, artistas y encargos convirtiéndose en una especia de corazón que bombea vida, riqueza y espiritualidad a partes iguales. De modo que en este 2026 la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, a través de la Fundación Impulsa, y el Cabildo catedralicio han sumado ilusión y voluntad para hacer posible el proyecto cultural más relevante de los últimos años, materializado en la exposición PRIMADA que permanecerá abierta hasta el 14 de octubre.

Convertirse en sede de una exposición no es nuevo para la catedral; sólo por citar las más impactantes, ya lo fue con motivo del centenario de Isabel la católica con la muestra Ysabel, la reina católica. Una mirada desde la catedral primada en 2005 y más recientemente, en 2017 la dedicada a Cisneros. Arquetipo de virtudes. Espejo de prelados conmemorando los quinientos años de su muerte. A diferencia de estas, ahora, en cambio, la ubicación de la exposición cuenta con unos recorridos y unos espacios inéditos ya que como itinerario expositivo se incorpora el claustro alto, la sala de Gigantones, alojada en el piso situado a la altura del triforio, el llamado Cuarto de la reina y el trascoro, ya en el interior del templo, con un montaje extraordinariamente complejo, y a la vez, envolvente.

Diseñado por el arquitecto Francisco Bocanegra, se ha tenido en cuenta el juego de escalas, que, a manera de caleidoscopio, conjuga hasta dobles y triples niveles. La primera, la que imponen las zonas expositivas elegidas. La segunda la propia de las obras y la tercera la que resulta de la relación entre ellas y el lugar real donde se ubican, lo que explica que los contenidos se hayan ajustado a los espacios. Por ejemplo, en la sala de Gigantones donde las vidrieras quedan inmersas en el recorrido, las piezas que predominan son de pequeño tamaño y de vitrina, lo que requiere un diseño más íntimo y recogido, simulando las “cámaras de maravillas” medievales. En cambio, en la parte del trascoro la estructura creada funciona a manera de estuche, sin que exista contaminación visual con el entorno ya que la altura de sus paredes impide que nada enturbie el discurso y, a su vez, permite contemplar la esbeltez de las bóvedas, en un diálogo continuo con la sede como protagonista absoluta, lo que visualmente queda acentuado por el color elegido, un blanco roto similar al de la propia caliza de la fábrica catedralicia. Otro recurso sorprendente del montaje es la creación de unos ejes perspectivos que funcionan como un poderoso imán; en este sentido, una de las perspectivas más teatrales es la de la sala dedicada a la Virgen del Sagrario en simetría con la nave central del templo y con el rosetón de la portada occidental.

PRIMADA esta articulada en dos partes claramente diferenciadas, comisariadas, siguiendo una tradición no escrita de la propia Junta de Comunidades, por especialistas de Madrid. En este caso por sendos catedráticos de la Universidad Complutense, Javier Martínez de Aguirre responsable de la época medieval y Benito Navarrete Prieto encargado de la Edad Moderna.

El sentido de la visita parte de la llamada Puerta del Mollete que da paso al claustro bajo donde podremos contemplar una maqueta de la catedral de tres metros por tres metros en la que, a partir de distintos colores, se han marcado las sucesivas etapas cronológicas de la construcción, información que después recoge un breve audiovisual.

PRIMADA I, dedicada a los siglos medievales desde el XIII hasta el cardenal Cisneros, se inicia en claustro alto al que se accede a partir de la escalera de Tenorio y se desarrolla en la parte conocida como sala de Gigantones.

Articulada en cuatro grandes secciones, asienta la hegemonía de Toledo como sede primada a la vez que perpetúa la presencia eucarística y la memoria de sus milagros, de sus gentes, de sus hechos y de sus riquezas, tejiendo y destejiendo la paradoja del tiempo pasado, actualizándolo a partir de un discurso expositivo que cuenta con piezas de enorme belleza y relevancia. La primera sección “Sede Primada”, gira precisamente alrededor de los personajes que contribuyeron a esa primacía, desde Jiménez de Rada a Carrillo de Albornoz, Mendoza o Cisneros. La segunda unidad es Culto y Devoción” en la que se combina una selección de orfebrería litúrgica con obras que hablan de los tres grandes pilares devocionales que conformaron la espiritualidad occidental: la devoción a María, la Pasión y el valor de los santos. La tercera parte es la Dives Toledana: Los tesoros de la Primada”, un auténtico “tour de force” donde convivela riqueza de los textiles con los libros y las reliquias, un capítulo extraordinario ya que es una ocasión única para conocer algunos ejemplos de otro modo inaccesibles. Aquí comparten espacio relicarios de todo tipo y de manufacturas diversas (italianas, nazaríes, de Limoges) a la vez que se subraya la presencia de los regalos que algunos de los arzobispos hicieron a su catedral como la impresionante Biblia de san Luis, una de las grandes novedades de la exposición ya que siempre se ha mostrado el facsímil.

La cuarta sección, la última de esta parte, lleva por título Tiempo, Presencia y Memoria” dedicado a ese concepto tan propio del humanismo en el que solo a través de la memoria garantizamos la inmortalidad, perpetuando aquellos hechos y victorias que se representan con piezas como el Tapiz del astrolabio, el repostero del Tanto Monta y la propia Custodia de Enrique de Arfe.

En paralelo a las cuatro unidades expositivas, se sitúa el Gabinete de documentos” que recoge las bases espirituales y económicas que dieron a la sede de Toledo su primacía, como son la Bula fundacional de Alfonso VI de 1086, la Bula papal con el reconocimiento de dicha primacía de 1088, y otros tantos que muestran las acciones de reconocimiento y beneficencia llevadas a cabo por el cabildo.

De todo este recorrido es difícil destacar una pieza estrella, aunque su comisario no duda en señalar la Biblia de san Luis, y como ambiente impactante, sin duda es la bajada desde el claustro alto al interior del templo y encontramos con la Custodia, que ha sido trasladada de su ubicación original para que pueda ser contemplada tanto en el propio discurso de la muestra como desde fuera de la exposición.

La segunda parte es PRIMADA II que ocupa todo el espacio del trascoro. Esta dedicada a los siglos que van desde el XVI hasta finales del XVIII, ya que se cierra con el cardenal Lorenzana. En su concepción museográfica conviven doce secciones en las se alternan las dedicadas a personalidades concretas, con otras de contenido más genérico. Entre las primeras, se propone un recorrido que va desde las primeras relaciones con América a través del arte plumaria representada en la Mitra de plumas de Michoacan, con otras como El cardenal Gaspar de Quiroga y el Ochavo: el relicario más hermoso del mundo, El arzobispo Alberto de Austria, Garcia de Loaysa y Girón y la filosofía aristotélica -arte, ciencia y naturaleza-, El cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas y el primer naturalismo, “La comitencia de los cardenales Borja y Baltasar de Moscoso y Sandoval, El cardenal Pascual de Aragón, coleccionismo y patronazgo, El cardenal Luis Manuel Fernández Portocarrero y sus empresas capitulares, “Mariana de Neoburgo aficionada y coleccionista y, finalmente, Lorenzana y las pinturas del claustro bajo, memoria de la santidad toledana.

Sobrecoge comprobar la potencia de estos personajes que, sin excepción, dedicaron lo mejor de sus esfuerzos para emprender todo tipo de empresas destinadas al ornato y grandeza de la sede.

A pesar de las diferencias cronológicas y estéticas que les separan, todos comparten la idea de hacer de la catedral un lugar de memoria, de magnificencia, de auto exaltación personal y de perpetuidad dinástica conjugando lo divino con lo profano. Para ello acudieron a los mejores artistas de su época y, salvo la excepción del arzobispo Alberto de Austria que se inclinó por un gusto más septentrional, el resto optaron por la elección de artífices italianos que dejaron un testimonio impresionante, cuantitativa y cualitativamente. La nómina es amplísima y en ella desfilan, entre pintores y escultores, nombres como Giovanni Bellini, Andrea Sansovino, Francesco Albani, Carlo Sarraceni, Virgilio Fanelli, Lorenzo Vaccaro, Pietro del Po o Luca Giordano. Sus obras cruzan las distintas secciones dando testimonio de un legado inigualable. Como novedad, se van a exponer por primera vez todos los cobres, hasta diecinueve, que Pietro del Po hace por encargo de don Pascual de Aragón para el camarín de la Virgen del Sagrario, con historias de la Virgen y de santa Leocadia. Igualmente, en esta sección destacan los floreros de Seghers y otros anónimos,como maravillosas muestras del interés botánico que estaba despertando en el gusto de los coleccionistas, y, también por primera vez en Toledo, se va a exponer el dibujo de Francisco Rizzi del monumento de la Semana Santa procedente de los Uffizzi.

Junto a ellos, la presencia de los artistas españoles recoge lo mejor de nuestro arte patrio. Desde El Greco a un temprano y “grequiano” Velázquez, pasando por Tristán, Orrente, Zurbarán, Cajés, Pereda, Carreño de Miranda, Maella, Bayeu y como no, el Prendimiento de Goya que encarga Lorenzana y que despide la muestra. Dentro de este elenco sorprende ver la coherencia y calidad del foco toledano, representado por los artistas coetáneos al Greco y que ocuparon los cargos en la catedral que el cretense no alcanzó; artistas sobre los que últimamente se está dirigiendo el foco de atención revelando la personalidad y calidad que tuvo el centro pictórico de Toledo, desde las magníficas sargas de Blas de Prado a las obras de Tristán y Orrente, introductores ya del primer naturalismo.

En paralelo a las unidades expositivas mencionadas, que rinden homenaje al mecenazgo y gusto de los arzobispos y cardenales señalados, se cuela otro discurso, el dedicado a las devociones propias que distinguen a la catedral de Toledo y a los “lugares sagrados”. Bajo los epígrafes “Quiroga y el Ochavo”, “El Sagrario de la catedral: María es sol” y “Fabricando devoción predicando santidad”, se desgrana lo que constituyó esta “pietas” tan identitaria.  En cuanto a los lugares sagrados especialmente destacan dos, el Ochavo, como gran relicario y panteón sagrado y la capilla del Sagrario. Ambos constituyen los dos ejes sobre los que se sostiene, ya no la riqueza artística, sino muy especialmente, la grandeza espiritual de la sede primada.

Aunque fue el arzobispo Quiroga quien ideó la construcción del Ochavo, respondiendo al espíritu de la Contrarreforma y a la legitimación del culto a las reliquias, será Sandoval quien culminará su construcción. Se alternan entonces los dibujos preparatorios de Jorge Manuel Teothokopouli, de Pedro de la Torre y de Francisco Rizzi al lado la maqueta de Fernández de Salazar. El diseño de la exposición cuenta con una réplica del propio Ochavo donde se alojan algunos de los relicarios más espectaculares y apenas conocidos.

La posesión de las reliquias junto a la difusión de imágenes ayudó a fraguar unos cultos “locales” dedicados a san Ildefonso y santa Leocadia preferentemente, difundidos por todos los territorios del arzobispado a partir de escenas con martirios, visiones y portentos como el relieve con la Imposición de la casulla a san Ildefonso de El Greco. Lo mismo ocurre con el culto a la Virgen del Sagrario, pieza que preside uno de los ejes más impactantes del recorrido. En su momento, la catedral encargó para ella el trono que se expone y en el que se podrá ver un pequeño retrato, hasta ahora desconocido, de la reina Mariana de Austria junto al que ya conocíamos de Felipe IV.

La parte final, dedicada a Lorenzana, culmina con el Prendimiento de Goya, al que nadie mira cuando se encuentra en su ubicación original al lado del del Greco. Aquí, en cambio, luce con toda la fuerza que merece mientras nos despide con cierta mansedumbre.

En total, PRIMADA ha reunido hasta trescientas treinta piezas, ciento ochenta en PRIMADA I y ciento cincuenta en PRIMADA II procedentes, en un setenta por ciento, de la propia catedral. Para los que conocemos sus rincones, no deja de sorprendernos la nueva mirada que nos regala esta selección de obras que habitualmente se encuentran alojadas en unas condiciones de visibilidad bastante difíciles, bien por su tamaño, bien por la escasa iluminación, por lo que es una ocasión única de contemplarlas cara a cara. Además de los conventos y museos locales como Santa Cruz, entre la treintena de instituciones prestadoras, cabe señalar Patrimonio Nacional, Biblioteca Nacional, Museo del Prado y Museo de Bellas Artes de Bilbao, catedral de Palencia y de Zamora, monasterio de Guadalupe y de Santa María de Huerta en Soria. De los préstamos extranjeros, la Galeria de los Uffizzi y el Museo de Salzburgo comparten un proyecto irrepetible para el que, además, se ha hecho un esfuerzo de restauración sin precedentes, que sería interesante poder recoger en una publicación “ad hoc”. Desde el minuto cero se organizó un equipo de profesionales alojado en diferentes sedes, primero en las salas nuevas de la catedral, luego en el colegio de Infantes, y finalmente en el propio Ochavo. Así, más de ciento cuatro obras, entre orfebrería, pintura, cobres y escultura, han sido intervenidas, a veces con una simple limpieza, suficiente para devolverles la dignidad cuando parecían condenadas a languidecer bajo el polvo del tiempo.

El catálogo recoge la investigación y puesta al día de todas ellas con algunas aportaciones inéditas en cuanto a nuevas autorías o técnicas, además de una treintena de ensayos en los que participan los más reputados especialistas.  Como no podía ser de otra manera, los artículos aportan novedades y avances en cuanto a atribuciones, amén de una profunda revisión metodológica, lo que engrandece el conocimiento de nuestro patrimonio. Ese es, precisamente, otro de los grandes réditos de PRIMADA ya que, además de la indudable belleza de las piezas reunidas, queda el estudio y la difusión de unas obras merecedoras de una nueva lectura y de otra mirada.

Palma Martínez-Burgos García
Catedrática de Hª del Arte. UCLM. Toledo
Vicepresidenta CEHA